La destrucción de Gaza, el último capítulo de cien años de odio

Medics transport an injured Palestinian child into Al-Shifa hospital in Gaza City following an Israeli airstrike on October 11, 2023.
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La destrucción de Gaza, el último capítulo de cien años de odio

Escrito por Laura Casamitjana

La guerra en la Franja de Gaza ha causado más de 9.000 muertes y ha dejado las ciudades arrasadas. Tras el ataque terrorista de Hamás el pasado 7 de octubre, la respuesta israelí alcanza cuotas de genocidio. En el trasfondo, una historia de más de cien años de guerras, opresión y odio

Mientras los judíos celebraban la Sucot, una fiesta de origen bíblico, milicianos de Hamás perpetraban un ataque terrorista que marcaría un punto de inflexión en la historia. La incursión del brazo armado islamista es de un calibre sin precedentes: el ataque sorprendió a los israelíes por tierra, mar y aire. Fueron asesinados 1400 israelíes, y la respuesta militar ha dejado ya más de 9000 palestinos asesinados.

La escalada de la violencia ha alcanzado un nivel nunca visto. Los palestinos que habitan en la Franja de Gaza sufren un asedio sin comida, agua, electricidad ni combustible. Los hospitales ―uno de ellos, el de Al-Ahli, fue bombardeado― están bajo mínimos, y ya no quedan lugares seguros en todo el territorio. El gobierno de Israel, bajo la premisa de “acabar con el terrorismo de Hamás”, está llevando a cabo una matanza sin precedentes.

Craig Mokhiber, director de la oficina de Nueva York del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ha presentado su dimisión por la inacción del órgano ante lo que considera un genocidio. “Sé bien que el concepto de genocidio ha sido objeto de abuso a nivel político, per la actual carnicería contra el pueblo palestino […] no deja lugar a dudas”, escribía el abogado de Derechos Humanos en su renuncia. El secretario general de la ONU, António Guterres, declaraba ―tras condenar los ataques―, que la incursión de Hamás “no viene de la nada, sino de 56 años de ocupación”.

¿A qué se refiere Antonio Guterres? ¿Cómo las hostilidades han llegado a esta escala de violencia? Un repaso por la historia del s.XX nos ayuda a descifrar uno de los conflictos más antiguo y complejo de la historia reciente.

Declaración Balfour, las palabras que sentaron cátedra

“El gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo”.

Estas palabras pertenecen al primer documento que respalda el nacimiento de Israel, los judíos lo percibieron como hito fundacional y salvación, los palestinos como ocupación y éxodo.

El 2 de noviembre del 1917 se firmaría la llamada “declaración Balfour” ―que toma su nombre del entonces ministro de asuntos exteriores británico, Arthur Balfour―, dónde el gobierno británico hace llegar a Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, sus intenciones de respaldar la instauración de un estado judío, una reivindicación histórica del sionismo.

Cuando Balfour emitió el documento, hacía tres años que se había iniciado la primera Guerra Mundial, y un año después de la declaración, terminaría el conflicto bélico dónde el Imperio Otomano, al que pertenecía Palestina, vería el fin de su existencia.

Las potencias aliadas, ganadoras de la contienda, se repartieron las tierras del imperio vencido y disuelto. Palestina pasó a estar bajo administración del Reino Unido, es decir, bajo los impulsores de la declaración Balfour. Junto al apoyo del resto de países de la alianza, dieron entonces respaldo al proyecto político sionista.

La demografía como campo de batalla

En 1922 el organismo antecesor de la ONU, la Liga de las Naciones, incluyó la declaración Balfour en el Mandato Británico sobre Palestina. Así fue como el territorio que había quedado bajo control de la potencia europea inició el proceso hacia la instauración de “un hogar nacional para el pueblo judío”.

Bajo el Mandato Británico, la demografía Palestina y su idiosincrasia mutaron. En su origen el país estaba formado por un 90% de población árabe, tal y como apuntan las Naciones Unidas. En el censo del 1922, según datos de Jewish Virtual Library, habitaban en Palestina cerca de 84.000 judíos, un 11% de la población total. Para 1936, los datos de la Jewish Virtual Library cifran en a 384.000 el número de judíos en el territorio, alcanzando el 28% de población total. En apenas 14 años habían llegado 300.000 judíos a Palestina, con una especial intensidad migratoria entre el 1933 y el 1936 debido a que muchas familias judías huían de la persecución nazi, como apuntan investigaciones de Ghassan Kanafani, escritor palestino y co-fundador del Frente Popular para la Liberación de Palestina ―que tuvo un gran peso en la historia del conflicto, ya que, con el tiempo, se convertiría en la segunda entidad más importante dentro de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)―.

Ya en 1935, el control económico ejercido por la comunidad judía en Palestina era notorio. Controlaban, 872 de las 1212 empresas industriales en la región ―de acuerdo con los datos presentados por Kanafani en 1972 para el Comité para Palestina Democrática―. Este control financiero judío superaba cuatro veces al que estaba en manos árabes. Además, se destaca que el 90% de las concesiones otorgadas por el gobierno británico recaían en manos de la comunidad judía. El estudio también menciona el incremento sustancial en la propiedad rural judía, que pasó de alrededor de 30000 hectáreas en 1929, a 125000 hectáreas en 1930.

Todos estos factores propiciaron que, en 1936, con ya un 28% de población judía en el total palestino y un fuerte control territorial, la tensión desembocara en enfrentamientos.

Revuelta Árabe y la imposibilidad de una convivencia

La tirantez entre comunidades estalló con la llamada Revuelta Árabe. El mismo Alto Comité Árabe, representante político de la población autóctona durante el Mandato Británico, fue el que llamó a la huelga general. La violencia no se hizo esperar. La represión sobre las manifestaciones incrementó el tono hostil de la insurrección, hasta desencadenar episodios de lucha armada. Es entonces cuando se aplica por primera vez una política represiva que ha sido una constante en el conflicto en Palestina: la demolición de casas.

En el primer aniversario de las revueltas, el Gobierno de Londres envió una comisión para intentar encontrar una salida al conflicto. Esta Comisión, conocida por el nombre del lord Peel, que la presidía, llegó a la conclusión de que judíos y árabes no podían convivir en paz, lo que truncaba el ideal del “hogar nacional judío”. El catedrático de Sociología de Medio Oriente, Pedro Brieger, explica en su libro “El conflicto palestino-israelí” que el movimiento sionista actuó de manera ágil al comprender la importancia de establecer numerosas comunidades judías en Palestina en previsión de una futura partición. En un proceso conocido como la operación «Joma umig-dal» (un muro y una torre), compraron tierras en toda Palestina con el objetivo de establecer 52 nuevos asentamientos judíos. Su estrategia apuntaba a lograr la mayoría demográfica en la región.

La Revuelta terminó sofocada en 1939, cuándo la sociedad palestina contabilizaba “5000 muertos, 10000 heridos y 5697 prisioneros. En total, más del 10% de la población asesinada, herida, encarcelada, o partiendo al exilio” como explicita el portal Orient XXI. Además, investigaciones de Eugene Rogan, profesor de historia moderna de Oriente Medio en la Universidad de Oxford, estiman en 2000 el número de casas demolidas en esa primera aplicación de la política represiva que tiene el objetivo de obligar al desplazamiento, imposibilitar el crecimiento demográfico palestino y tener más tierras disponibles para la población judía.

La partición propuesta por la comisión Peel estaba más cerca, y dio lugar a la publicación del “Libro Blanco”, un documento que planteaba elementos como la limitación de la inmigración judía o el freno de la adquisición de tierras por parte de esta comunidad. El horizonte de la autonomía y reivindicación del pueblo Palestino frenó la Revuelta árabe, pero nadie estaba del todo conforme. Especialmente el movimiento sionista, que tomó esta declaración como una vulneración de su derecho otorgado por el mandato británico.

El tinte de militarización de la sociedad judía empezó a tomar forma. Tras la Revuelta, el grado de organización de los grupos armados judíos se va profesionalizando y “mantendría a unas 15000 personas entrenadas en la disciplina militar”, tal y como se especifica en la “Revista Nómadas, Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas”.

“UN partition plan”: una decisión salomónica convertida en catástrofe

La presión sobre los británicos, administradores del territorio, no dejaba de aumentar. Tanto fue así que el sector judío, muy descontento, empezó a tener sectores extremistas que cometieron atentados en Gran Bretaña. Uno de ellos mató al representante británico en Palestina. Reino Unido pasó el testigo de la resolución del conflicto a la Asamblea General de la ONU.

El Holocausto nazi ejerció un profundo impacto en la opinión pública internacional y suscitó una creciente simpatía hacia la causa sionista y la creación de un estado judío en Palestina. La magnitud de la atrocidad cometida durante el Holocausto aumentó la presión para que se estableciera un estado judío en Palestina, con el propósito de proporcionar refugio y autodeterminación a los sobrevivientes de la persecución nazi. En el 1947 ―dos años después de que se rindieran las tropas alemanas y poner fin la Segunda Guerra Mundial―, una comisión especial de la ONU para Palestina aprobó la resolución 181, más conocida como “UN Partition Plan”, que estipulaba la creación de dos Estados con Jerusalén como “territorio neutro”, bajo control internacional.

Los árabes no estaban conformes puesto que sentían el derecho a su propio porvenir vulnerado, violando así la Carta de la ONU. Los judíos no estaban conformes porque veían en peligro su voluntad de establecer el “hogar nacional judío”.

Reino Unido no soportó la presión, así que en mayo de 1948 renunció al Mandato Británico. Sin si quiera un día de demora, los sionistas movieron ficha: “el líder del movimiento judío, David Ben Gurión, declaró la creación del Estado de Israel en conformidad con las fronteras marcadas por el Plan de Partición”, apunta el artículo “Plan de Partición de Palestina” del Instituto de Relaciones Internacionales.

Las milicias judías empezaron a atacar aldeas palestinas, generando así un éxodo de la población autóctona. Los ataques incrementaron tanto que estalló una guerra en toda regla. El pueblo palestino reconoce esta fatídica época como la “Nakba” (catástrofe en árabe): más de la mitad de la población Palestina acabó desplazada permanentemente de sus casas.

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La configuración de “la mayor cárcel al aire libre”

Con Israel autoproclamado como estado y el trauma de la Nakba sobre la población Palestina, las fuerzas cada vez se desequilibraron más. El movimiento sionista siguió adquiriendo terrenos y reprimiendo a los autóctonos para ganar la batalla demográfica. Los años siguientes las posiciones se siguieron marcando en base a ello y unos 150000 palestinos vivieron bajo la ocupación militar del recién nacido Israel.

El 5 de junio de 1967, en el transcurso de la Guerra de los Seis Días contra una coalición de ejércitos árabes, Israel tomó control de lo que quedaba de la Palestina histórica, abarcando la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Oriental, los Altos del Golán sirio y la península egipcia del Sinaí.

La “Naksa” (revés en árabe) fue su consecuencia, la población palestina fue sometida a un nuevo desplazamiento masivo. La discriminación sobre los árabes se tradujo en que la ocupación militar reprimía sus formas de expresión políticas, sin embargo, los israelíes vivían con todas las ventajas de ser ciudadanos del nuevo estado.

Fue entonces cuando la conocida Franja de Gaza empezó a convertirse con el lema bajo el que se reconoce: “la mayor cárcel al aire libre”. Con controles militares estrictos, la Franja inició un proceso de erigirse como un gueto de palestinos en la ya ocupada Palestina.

Previamente a la Naksa, en 1964, nace la Organización de Liberación Palestina (OLP). La coalición de movimientos políticos y paramilitares se erigió como brazo armado de la lucha Palestina y acabó siendo crucial: a partir de octubre de 1974, la Liga Árabe reconoció a la OLP como la única entidad legítima de representación del pueblo palestino.

Este respaldo se tradujo en un reconocimiento de alcance internacional, ya que, en ese mismo año, la Asamblea General de las Naciones Unidas le otorgó a la OLP el estatus de observadora, consolidando su papel en la arena global como el portavoz oficial del pueblo palestino. Este hecho se dio en un contexto complejo: poco antes, entre el 6 y el 25 de octubre de 1973, se desató un enfrentamiento bélico de gran envergadura.

La Guerra del Yom Kipur, también reconocida como la Guerra de Ramadán, enfrentó a Israel con una coalición de naciones árabes, encabezada principalmente por Egipto y Siria. El conflicto tomó su nombre del día más sagrado en el calendario judío, el Día de la Expiación o Yom Kipur, fecha en la que los beligerantes árabes lanzaron ataques sorpresivos con la intención de recuperar territorios perdidos ante Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

Aunque los cambios en las fronteras no fueron drásticos, la Guerra del Yom Kipur dejó una huella indeleble en la política regional. Sus repercusiones llevaron a una serie de negociaciones subsiguientes en busca de acuerdos de paz.

Primera Intifada, la confrontación de piedras contra tanques

Un accidente entre un camión israelí y un coche palestino -cuyos ocupantes murieron-, desató una nueva tragedia en octubre de 1987. Marcó el inicio de la primera intifada: jóvenes palestinos armados con piedras contra tanques israelíes. Como explica el libro “The Roudlege Handbook on the Israeli-Palestinian conflict”, el choque de los vehículos solo fue la última chispa de algo mucho mayor: “El efecto acumulativo de décadas de fuerzas militares asimétricas, derrotas, expropiaciones de tierras, pobreza y ocupación, fueron el caldo de cultivo para una revolución”, menciona sobre la Primera Intifada. Las protestas se extendieron rápidamente y llegaron a Cisjordania. En el primer aniversario de la intifada, el 1988, la OLP -liderada por Yasser Arafat- declaró la independencia de Palestina con un gobierno en el exilio.

Piedras contra tanques simbolizan la asimetría, y los cinco años que duraron las revueltas causaron más de 1300 muertos palestinos y una dura política represiva del ejército israelí, comandado por el entonces Ministro de Defensa Yitzhak Rabin. Los protestantes fueron sometidos a ejecuciones sumarias, huesos rotos y todo tipo de torturas tal como recogen diversos testimonios para Al Jazeera. Durante la primera intifada se gestó el movimiento Hamás, una rama de los Hermanos Musulmanes, que participó en la confrontación como actor armado.

Un espejismo de paz con los Acuerdos de Oslo

Lejos de Palestina se empezó a gestar el acercamiento. De 1993 a 1995 se negociaron unos acuerdos sin precedente en Noruega: la paz podía ser una realidad. Yasser Arafat, líder de la OLP, y Yitzhak Rabin, en ese momento primer ministro del gobierno israelí, se reconocieron como interlocutores para la búsqueda de una resolución. Las conversaciones dieron lugar a un hito: los Acuerdos de Oslo.

En ellos, Rabin accedía a devolver Cisjordania y Gaza, retrocediendo la ocupación militar. Por su parte, Arafat aceptaba el reconocimiento del pueblo israelí. Fruto de los Acuerdos se formó la Autoridad Palestina (AP), un modelo de autogobierno para la gestión de los territorios y la retirada militar.

Pero el conflicto cargaba una mochila demasiado grande. Estaba arraigado en la religión, en la sociedad, en los modos de vida, en el imaginario de los pueblos. Su propia complejidad dilapidó los Acuerdos: resolución diplomática y aprobación social no fueron de la mano. Dentro del propio sionismo se generaron posiciones dispares, y los más extremistas acabaron con la vida de Rabin, visto por estos como una suerte de “traidor”.

Asesinada la figura de poder israelí firmante de los Acuerdos, se abría un escenario incierto. La convocatoria de elecciones consiguientes en 1996 dio la victoria a Benjamin Netanyahu. Representaba al sector más hostil contra los Acuerdos de Oslo, así que el fracaso que se veía venir llegó. Israel suspendió los compromisos y sembró la entre los palestinos.

El fracaso de los Acuerdos y la Segunda Intifada

En este contexto estalló una segunda intifada. Esta vez el detonante fue la visita en el año 2000 del líder del Likud ―partido de derechas de Israel― a la Mezquita Al-Aqsa, ubicada en Jerusalén ―lugar controvertido puesto que su control quedaba en disputa tras las malogradas negociaciones de paz―. Para los palestinos fue un acto de provocación. Volvieron las protestas y los enfrentamientos.

La política de demolición de casas, una constante en el desarrollo del conflicto, volvía a estar muy presente: Amnistía Internacional en un informe de 1999 denunciaba esta práctica, que se cometía de manera sistemática e impune. La población desalojada sin previo aviso se veía obligada a desplazarse mientras el movimiento sionista ganaba terreno: volvieron a levantar asentamientos en zonas que estaban bajo control de la Autoridad Palestina. La economía e infraestructuras palestinas se vieron especialmente afectadas durante las revueltas, que terminaron en 2005: un año antes murió Yasser Arafat, propulsor de los Acuerdos de Oslo.

Por primera vez, los palestinos votaron en elecciones generales. Pero el arraigo del conflicto era tan inabarcable que afectó a las propias dinámicas internas. Se desencadenó una guerra entre Hamás ―la rama de Hermanos Musulmanes que se gestó en la primera intifada― y Fatah ―organización política-militar fundada por el fallecido Yasser Arafat e integrada en la OLP―. La partición de la propia Palestina se hizo realidad: Hamás echó de la Franja a Fatah, y Fatah ―principal partido de la Autoridad Palestina― se quedó con el control de diversas partes de Cisjordania.

Siglo XXI, el ciclo de las sucesivas guerras de Gaza

Tras tildar de terrorismo a Hamás, en 2007 Israel encontró la premisa para imponer un bloqueo total sobre la Franja de Gaza. Desde entonces, las hostilidades en la zona han sido constantes.

En 2008 las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) lanzaron la “Operación Plomo Fundido”: bombardeos que dejaron al menos 1300 muertos palestinos. Se estima que más de la mitad eran civiles. El ejército israelí utilizó fósforo blanco, un producto químico altamente dañino que viola el Derecho Humanitario. 

Cuatro años después, en 2012, llegó otra ofensiva israelí, la “Operación Pilar Defensivo”. Murieron más de cien civiles. 2014 fue el año de la “Operación Margen Protector”, donde murieron 2205 palestinos ―con más de 1500 civiles―. El último gran ataque militar de las Fuerzas de Defensa Israelíes antes de los sucesos de 2023 fue en 2021, “Espada de Jerusalén”, con un total de más de 200 fallecidos.

El ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 sería el desencadenante de un nuevo ciclo de violencia, esta vez, con pronóstico especialmente catastrófico. “Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia», declaraba Yoav Gallant, ministro de Defensa de Israel. Las cifras de fallecidos continuarán ascendiendo en su camino hacia el genocidio.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

Breve Historia Animada de la Cuestión de Palestina
Explicación de la guerra entre Israel y Gaza

FÁCIL

La destrucción de Gaza, el último capítulo de cien años de odio

Escrito por Laura Casamitjana

La guerra en la Franja de Gaza ha causado más de 9.000 muertes y ha dejado las ciudades arrasadas. Tras el ataque terrorista de Hamás el pasado 7 de octubre, la respuesta israelí alcanza cuotas de genocidio. En el trasfondo, una historia de más de cien años de guerras, opresión y odio

Mientras se celebraba la festividad judía de Sucot, una festividad de origen bíblico, los milicianos de Hamás llevaron a cabo un ataque terrorista que marcaría un punto de inflexión en la historia. Esta incursión de los combatientes de Hamás fue de una magnitud sin precedentes, ya que sorprendió a los israelíes por tierra, mar y aire. En este ataque, perdieron la vida 1400 israelíes, y como respuesta, las operaciones militares han cobrado la vida de más de 9000 palestinos.

La escalada de la violencia ha alcanzado niveles inéditos. Los palestinos que viven en la Franja de Gaza están atrapados en un asedio sin acceso a comida, agua, electricidad y combustible. Los hospitales, uno de los cuales fue bombardeado, están funcionando al mínimo y ya no existen lugares seguros en toda la región. El gobierno de Israel justifica sus acciones bajo la premisa de «acabar con el terrorismo de Hamás», pero esto ha llevado a una devastación sin precedentes.

Craig Mokhiber, director de la oficina de Nueva York del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ha presentado su renuncia debido a la falta de acción del organismo frente a lo que considera un genocidio. El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó los ataques y señaló que la incursión de Hamás «no surge de la nada, sino que es resultado de 56 años de ocupación».

Para entender a qué se refiere António Guterres y cómo las hostilidades han llegado a este nivel de violencia, es necesario repasar la historia del siglo XX, que es fundamental para comprender uno de los conflictos más antiguos y complejos de la historia reciente.

Declaración Balfour: las palabras que cambiaron la historia

En 1917, se emitió la «Declaración Balfour», respaldada por el gobierno británico, que abogaba por el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina. Los judíos vieron esto como un hito fundacional y una salvación, mientras que los palestinos lo percibieron como una ocupación y un éxodo. Esta declaración llegó después del inicio de la Primera Guerra Mundial y un año antes de que terminara, lo que marcó el fin del Imperio Otomano, al que pertenecía Palestina. Las potencias ganadoras de la guerra, incluido el Reino Unido, se repartieron las tierras del imperio derrotado, y Palestina quedó bajo administración británica.

La transformación demográfica bajo el Mandato Británico

Bajo el Mandato Británico, la demografía y la identidad de Palestina comenzaron a cambiar significativamente. Inicialmente, el país estaba habitado en un 90% por población árabe, según las Naciones Unidas. Sin embargo, en el censo de 1922, se registraban alrededor de 84,000 judíos, lo que representaba un 11% de la población total. Para 1936, el número de judíos en Palestina había aumentado a 384,000, alcanzando el 28% de la población total. En solo 14 años, llegaron 300,000 judíos a Palestina, con un flujo migratorio especial durante la persecución nazi. El control económico de la comunidad judía en Palestina también se hizo evidente, ya que controlaban una gran parte de las empresas e industrias en la región.

Esta transformación demográfica y económica generó tensiones y conflictos entre las comunidades, lo que culminó en la Revuelta Árabe.

La Revuelta Árabe y la partición propuesta

La Revuelta Árabe estalló debido a la creciente tensión entre las comunidades. En respuesta a la agitación, el gobierno británico envió la Comisión Peel para investigar y encontrar una solución al conflicto. La comisión concluyó que judíos y árabes no podían convivir pacíficamente, lo que socavaba la idea del «hogar nacional judío». Esto allanó el camino para la posterior publicación del «Libro Blanco», que limitaba la inmigración judía y la adquisición de tierras por parte de la comunidad judía.

La Revuelta Árabe se sofocó en 1939, pero dejó cicatrices profundas y cambios en la configuración demográfica de la región. La partición propuesta por la Comisión Peel se estaba acercando, y en 1947, la ONU aprobó la resolución 181, conocida como el «Plan de Partición de Palestina». Esta resolución estipulaba la creación de dos Estados en Palestina, con Jerusalén como un «territorio neutral» bajo control internacional. Esto no satisfizo a ambas partes, y finalmente, en mayo de 1948, Israel se declaró un Estado independiente, desencadenando una guerra y la desaparición de más de la mitad de la población palestina.

La configuración de «la mayor cárcel al aire libre»

Tras la creación de Israel, los territorios pasaron a estar bajo el control de distintas fuerzas. Israel se autoproclamó Estado, y la población palestina sufrió un nuevo desplazamiento. Luego, en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel tomó el control de lo que quedaba de la Palestina histórica, incluyendo la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Oriental y otros territorios.

La ocupación militar y el control israelí llevaron a un nuevo desplazamiento masivo de palestinos y la creación de la Franja de Gaza, que se convirtió en lo que se describe como «la mayor cárcel al aire libre». La discriminación contra los árabes se hizo evidente, y los palestinos vivieron bajo condiciones precarias.

El surgimiento de la OLP y la Guerra del Yom Kipur

En 1964, se fundó la Organización de Liberación Palestina (OLP), que se convirtió en un actor importante en la lucha palestina. La OLP fue reconocida como la entidad legítima de representación del pueblo palestino en la Liga Árabe y posteriormente en la ONU. La Guerra del Yom Kipur, en 1973, enfrentó a Israel con naciones árabes y tuvo un impacto significativo en la política regional.

Primera Intifada y espejismos de paz

En 1987, comenzó la Primera Intifada, una revuelta palestina que duró cinco años. Esto condujo al surgimiento de Hamás y a una mayor militarización de la sociedad judía en Palestina. En 1993, se negociaron los Acuerdos de Oslo, que prometían la paz y el retorno de tierras a Palestina. Sin embargo, la complejidad del conflicto y la falta de aceptación social llevaron a un punto muerto.

Segunda Intifada y el fracaso de los Acuerdos de Oslo

En el año 2000, estalló la Segunda Intifada tras una visita provocativa de un líder israelí a la Mezquita Al-Aqsa. Esto llevó a un conflicto que incluyó la demolición de casas y daños significativos a la población palestina. La guerra interna palestina y la elección de líderes extremistas complicaron aún más el panorama.

Siglo XXI: ciclos de guerra en Gaza

Desde 2007, Israel impuso un bloqueo total a la Franja de Gaza después de que Hamás fuera calificado como una organización terrorista. Esto llevó a una serie de enfrentamientos, incluidas las operaciones militares israelíes en Gaza en 2008, 2012 y 2014, con un alto costo en vidas humanas.

El ataque de Hamás en 2023 desencadenó un nuevo ciclo de violencia y elevó la tensión a niveles catastróficos, lo que llevó a acusaciones de genocidio. El conflicto sigue sin resolverse y sigue siendo uno de los más antiguos y complejos de la historia contemporánea.

Breve Historia Animada de la Cuestión de Palestina
Explicación de la guerra entre Israel y Gaza

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Test de comprensión lectora - La destrucción de Gaza, el último capítulo de cien años de odio

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