El vapeo se está extendiendo rápidamente entre los adolescentes, lo que aumenta el riesgo de adicción y de que pasen al tabaco tradicional. Los expertos piden medidas más estrictas para proteger la salud pública.
A principios de los años 70, comenzaron a surgir pruebas científicas sobre los graves riesgos para la salud relacionados con el consumo de tabaco, lo que llevó a las instituciones sanitarias internacionales y a los gobiernos individuales a tomar medidas. Así, se adoptó la «Carta de Ottawa» en 1986, se introdujeron restricciones a la publicidad y a los mensajes en los paquetes de cigarrillos, se iniciaron campañas de sensibilización para educar a los ciudadanos y se amplió el espacio para la divulgación científica sobre los daños del tabaquismo: todas ellas iniciativas que han contribuido a reducir significativamente el número de fumadores en Europa a lo largo de las décadas. La difusión de los cigarrillos electrónicos parecía haber dado el golpe de gracia al vicio del tabaco…
Los cigarrillos electrónicos
También conocidos como e-cig o vapeo (de ahí el verbo «vapear»), son dispositivos que calientan líquidos que contienen nicotina, aromas y otras sustancias químicas que, a altas temperaturas, generan un aerosol que inhala el usuario. Este vapor contiene nicotina en diferentes concentraciones, pero, a diferencia de la tradicional, no se produce combustión, responsable de algunas de las sustancias cancerígenas típicas del humo.
Este innovador dispositivo fue patentado en 2004 por el farmacéutico chino Hon Lik, quien, pocos años después, comenzó a exportarlo a Europa y Estados Unidos. Presentadas inicialmente como una gran innovación para ayudar a los adultos adictos al tabaco a dejar de fumar, tuvieron un éxito inmediato, hasta el punto de que millones de fumadores se acercaron a ellas para reducir los daños relacionados con el consumo de tabaco. La idea de que eran inofensivas estaba muy extendida en aquella época y, a falta de estudios científicos que demostraran lo contrario, la industria del vapeo experimentó una expansión muy rápida, hasta convertir el cigarrillo electrónico en un fenómeno global. Los envases llamativos y los aromas cada vez más particulares han contribuido a atraer a un número creciente de consumidores curiosos, involucrando muy pronto también a adolescentes y preadolescentes.
Los cigarrillos electrónicos también son perjudiciales para la salud
Aunque se presentan como una alternativa al tabaquismo tradicional no perjudicial, las investigaciones más recientes indican que incluso el cigarrillo electrónico puede conllevar riesgos significativos para la salud a largo plazo. Es cierto que los cigarrillos electrónicos producen menos sustancias tóxicas que la pipa, los puros y los cigarrillos, pero no están completamente libres de estas.
Según el Comité Científico de los Riesgos Sanitarios, Medioambientales y Emergentes (SCHEER) de la Comisión Europea, el uso de cigarrillos electrónicos no solo conlleva un alto riesgo de adicción, sino también efectos irritantes en las vías respiratorias, que pueden causar síntomas asmáticos agudos debido a la inhalación de polioles, aldehídos, nanopartículas metálicas (derivadas de los elementos calefactores del dispositivo), así como carbonilos, formaldehído, metales pesados y partículas, conocidos por sus efectos nocivos sobre el sistema respiratorio y cardiovascular, y por su capacidad para alterar el ADN aumentando el riesgo de cáncer.
La idea de que los cigarrillos electrónicos son inofensivos es un mito peligroso, sobre todo entre los jóvenes, que han visto aumentar exponencialmente su uso, lo que aumenta el riesgo de dependencia del nicotina y de pasar al tabaco tradicional. Aunque inicialmente se consideraron útiles para dejar de fumar, hoy en día se teme que estos dispositivos puedan, por el contrario, aumentar el número de fumadores. El uso de cigarrillos electrónicos está asociado con daños respiratorios (asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y alteraciones cardiovasculares tempranas, que podrían tener repercusiones significativas en la edad adulta. Otros estudios advierten sobre los efectos a largo plazo en el sistema reproductivo.
Además, está el problema del propio nicotina, que crea adicción y afecta al desarrollo cerebral de los adolescentes, y que aumenta exponencialmente el riesgo de pasar a los cigarrillos tradicionales, creando una nueva generación de fumadores.

El vapeo entre jóvenes y adolescentes
El uso habitual de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes se ha triplicado en 5 años en Europa. Un dato alarmante si se tiene en cuenta que la mayoría ha empezado a vapear por curiosidad o por influencia social, sin ser plenamente consciente de los riesgos asociados. La edad media también ha disminuido mucho, sobre todo gracias a las agresivas estrategias de marketing en las redes sociales, a los líquidos aromatizados diseñados para el mercado de los menores (con sabores como sandía, malvavisco o algodón de azúcar) y a la falta de regulación en la venta (el 75 % de los jóvenes de entre 13 y 15 años afirma que no ha tenido dificultades para comprar estos productos a pesar de la prohibición).
Entre los posibles peligros, cabe mencionar también los casos de intoxicación accidental en niños que ingieren los líquidos contenidos en los dispositivos, atraídos por envases de colores llamativos, además de los riesgos de quemaduras debidas a explosiones accidentales del dispositivo electrónico.
El aumento del uso de estos «cigarrillos» y la percepción errónea de su seguridad requieren estrategias de prevención eficaces e intervenciones educativas específicas. Proteger a las nuevas generaciones de la exposición temprana al tabaco es esencial para contrarrestar la aparición de nuevas adicciones y garantizar una mejor salud pública.
Por esta razón, varias sociedades científicas han escrito una carta abierta al Ministerio de Salud italiano. La Sociedad Italiana de Pediatría (SIP), la Sociedad Italiana de Enfermedades Respiratorias Infantiles (SIMRI), la Asociación Cultural de Pediatras (ACP) y otras asociaciones de pacientes y padres han difundido datos realmente preocupantes:
- Aproximadamente el 20 % de los adolescentes de entre 13 y 15 años consumen habitualmente cigarrillos electrónicos.
- A estos se suman un 14 % que utilizan productos de tabaco calentado.
- El 57,9 % de los niños de entre 11 y 13 años que fuman prefieren la e-cigarrillo, mientras que entre los de 14 y 17 años el 38 % opta por una combinación entre fumar de forma tradicional y vapear.
- Entre estos jóvenes fumadores, más de la mitad afirma tener un fuerte deseo de fumar nada más despertarse, lo que es una clara señal de dependencia del tabaco.
Entre las principales peticiones de los pediatras se encuentra la necesidad de intensificar los controles para evitar la venta de dispositivos que contengan tabaco y nicotina a menores, en línea con el objetivo de la Comisión Europea de crear una generación libre de tabaco para 2028. Además, se insta al Gobierno a regular el empaquetado para evitar que resulte atractivo para los más pequeños y a prohibir la distribución gratuita de cigarrillos electrónicos y recargas a menores. También se pide que se limiten las estrategias de marketing dirigidas a los jóvenes en las redes sociales y que se equiparen las normativas sobre aromas a las de los cigarrillos tradicionales, prohibiendo las variantes mentoladas o de frutas asociadas al nicotina. Por último, se subraya la importancia de una campaña de información dirigida a médicos, padres, adolescentes y personal escolar, que se difundirá a través de los medios de comunicación y de un acuerdo entre varios ministerios.
El contexto internacional
Varios países europeos están adoptando medidas para regular el uso de cigarrillos electrónicos entre los menores. Por ejemplo, Bélgica se ha convertido en el primer estado de la Unión Europea en prohibir la venta de cigarrillos electrónicos desechables, conocidos como «puffs», a partir del 1 de enero de 2025.
Otros países han comenzado a adoptar medidas restrictivas ya en 2023. El Reino Unido ha promovido una consulta pública sobre los cigarrillos electrónicos, evaluando medidas como la reducción de las variantes aromáticas en los líquidos para vapear, la regulación del empaquetado para evitar que atraiga a menores, la prohibición de la venta de dispositivos desechables y el aumento de los precios. El objetivo británico es doble: ayudar a los adultos a dejar de fumar a través de los cigarrillos electrónicos, pero al mismo tiempo proteger a los jóvenes de la iniciación al tabaquismo.
En Holanda se ha prohibido la producción de cigarrillos electrónicos aromatizados y de líquidos de recarga, según informan los sitios web gubernamentales dedicados a los empresarios.
La Comisión Europea ha propuesto ampliar la prohibición de fumar y vapear a espacios al aire libre frecuentados por niños y jóvenes, como parques infantiles y piscinas, en el marco del Plan Europeo contra el Cáncer, que tiene como objetivo crear una «generación sin tabaco» para 2040.
Y en muchos países de la UE se ha reiterado la prohibición de vender a menores de 18 años y se han implementado procesos de verificación de edad más rigurosos para garantizar el cumplimiento de la normativa.
Estas iniciativas reflejan una creciente preocupación a nivel europeo sobre el uso de cigarrillos electrónicos entre menores y representan pasos significativos hacia un mayor protección de la salud pública y el medio ambiente.