La educación a distancia ha estado acompañada siempre de la evolución propia de los medios de comunicación. La educación por correspondencia, a través de la radio, los canales de televisión educativos y, en la actualidad, la educación virtual o el e-learning con el surgimiento de Internet son ejemplos de ello. Durante todo este tiempo han aparecido experiencias exitosas en este campo.

Asimismo, las plataformas de cursos masivos gratuitos online (MOOC, por sus siglas en inglés) como Edx o Coursera, agrupan una gran cantidad de contenidos y cursos de las mejores universidades del mundo al abasto de cualquier persona que tenga conexión a la red. En su evolución, la educación a distancia ha dado grandes resultados y ha sido utilizada a lo largo de la historia a medida que se han diversificado y amplificado las posibilidades de los propios medios de comunicación.

Sin embargo, hablar de distancia presupone retos para todos los actores del proceso educativo: estudiantes, profesores, padres y administrativos. Sin lugar a dudas, los docentes poseen un papel protagonista para que esta experiencia de aprendizaje cobre vida. El panorama de educarse desde casa presupone varios cambios en su práctica pedagógica habitual, donde el mayor reto que tendrán los y las educadoras es encontrar las estrategias metodológicas —didácticas adecuadas— para que sus estudiantes puedan aprender fuera del aula: la distancia reta. Pero para comprender mejor el desafío es necesario partir de tres premisas: primera, todos los profesores presenciales pueden transmitir de forma adecuada, aunque con un poco de esfuerzo, sus contenidos a distancia. Segunda, no todas las actividades del diseño educativo presencial funcionan fuera del aula. Y tercera, distancia es sinónimo de flexibilidad.

Ser docente para la propuesta de educación a distancia incorpora nuevas competencias que no todos los docentes presenciales poseen de forma consciente. Por eso se tiene que tener en cuenta que todos los maestros presenciales son potencialmente buenos para las labores a distancia. Existe una gran diferencia en el formato, pero la motivación por la comunicación del aprendizaje es la clave. En el universo de la distancia, la aprehensión a lo digital y la adquisición de ciertas competencias mediáticas es fundamental. Esta diferencia abre un desafío a los docentes que incursionan también este tipo de enseñanza.

De la misma forma, hablar de diseño educativo a distancia no puede asimilarse con la transición del texto en físico o el Power Point al PDF. Cometemos un grave error si se piensa así. Diseñar una educación a distancia demanda nuevas formas de acceder a la información, realizar seguimiento y evaluar. El tiempo dedicado a la presencialidad, y a su preparación, debe ser invertido de igual forma en el mundo virtual. Sobre todo, a la hora de dar retroalimentación a los estudiantes de las actividades desarrolladas.

Así, el mayor equivalente para este tipo de experiencia educativa es la flexibilidad. La plasticidad con la que los y las estudiantes pueden realizar su trabajo desde casa debe reflejar la propuesta didáctica docente. El reto de la emergencia puede ser visto como una oportunidad para explorar nuevos tipos de unidades didácticas, de aprender con metodologías de proyectos, problemas o clases invertidas, y para proponer aprendizajes que integren nuevas competencias en los estudiantes, dentro de las que podemos resaltar las competencias mediáticas —de uso, de pensamiento crítico y de comunicación basadas en las tecnologías de la información y la comunicación—.

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